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El niño que pasaba desapercibido cumplió seis años. Como los gatos, va para la segunda de sus siete vidas. Entrevista a Óscar Rodríguez

Por Carlos Sánchez Lozano. Enero 17 de 2016

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A Óscar Rodríguez lo conocí, creo, en 2008, en un taller de escritura en la Javeriana que dirigía Juan Manuel Silva. Yo hice una presentación breve sobre la industria editorial en Colombia y luego sobre la importancia de los libros de literatura infantil, pues en ese momento fungía de editor de LIJ en Ediciones SM Colombia y quería invitar a los noveles escritores de ficción a pensar en los niños. Uno de los asistentes que mostró interés fue Óscar. Hablamos puntualmente: lo invité a que participara en el Premio que organizaba la editorial en alianza con la Biblioteca Luis Ángel Arango. Cuál no sería mi sorpresa el día de la premiación al ver que Óscar estaba entre los invitados especiales y era uno de los finalistas con su libro “El niño que pasaba desapercibido”. Edité el libro en 2009, salió publicado en la prestigiosa colección El Barco de Vapor (azul) y puedo dar fe de cuán interés generó inmediatamente. En dos años pasó la barrera de los 5 mil ejemplares y tiene lectores –y seguidores- en Colombia y México. Miles de niños desapercibidos que sintieron identidad con el protagonista del relato. En homenaje a la felicidad que ha brindado Óscar a tantos lectores, va esta entrevista realizada por correo electrónico.

Han pasado seis años de la publicación de El niño que pasaba desapercibido (2009). Cómo te sientes de tener otro hijo –aparte de tus dos bellas hijas- con esa edad.

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Óscar Rodríguez, autor de «El niño que pasaba desapercibido».

Muy contento, la verdad. Es curioso pero cierto el símil sobre los hijos, porque cuando veo a mis hijas e identifico rasgos y actitudes mías. A veces pienso en que el día que muera mucho de mí seguirá viviendo en ellas. No sé si eso lo piensan todos los padres. Pero con el libro pasa algo similar. Uno queda ahí metido. El día que yo ya no esté, posiblemente alguien abra el libro y al leerlo me volverá a la vida.

Cuéntanos cómo fue el origen de El niño que pasaba desapercibido. La primera idea, su prescritura, los borradores, la versión que enviarías al I Concurso del Barco de Vapor – Biblioteca Luis Ángel Arango.

Bueno, esa es una historia que cuento con frecuencia porque muchos niños me lo preguntan. Mi hija mayor, Ana Canela, por esos días tenía cinco añitos y yo le leía cuentos para que se durmiera. Entonces una noche al preguntarle qué tipo de cuento quería que le leyera me dijo que quería un “cuento de boca”. Yo le pregunté ¿Qué es eso” y ella me respondió: “Uno que tú te inventes”. Me puso entre la espada y la pared y yo traté de recordar la época en que tenía su edad y lo único que se me ocurrió decir fue “esta es la historia de un niño que pasaba desapercibido” y ella me respondió “qué es eso” y me di cuenta que estaba perdido. Pero cuando expliqué que se trataba de un niño que nadie notaba y no le ponían atención, ella en lugar de sentir que era algo malo, le pareció genial. Y seguí: “…y como nadie notaba su presencia, un día decidió robar un banco…”, y ella saltó de emoción. Y por dentro yo me decía “¡Bruto! ¿qué valores le estoy enseñando?”, pero ella estaba encantada y pedía más, yo seguía inventando y ahora mismo no recuerdo como cerré la historia esa noche. A la noche siguiente, quiso que le repitiera la historia, pero ahora tenía montones de preguntas: ¿cómo se llamaba?, ¿ese niño tenía familia?, ¿porque no le ponían atención?, ¿qué hizo con la plata? Y así noche tras noche, hasta cuando me dije: “Si no escribo esto se me va al olvidar”, y ya no podía dejar que ese niño además de desapercibido cayera en el olvido. Y mientras lo escribía se lo iba leyendo y ella me decía cómo le parecía. Por eso siempre le he dicho que ella es la coautora.

Imagino que te emocionó mucho cuando te dijeron que eras finalista. ¿Qué opinaron los jurados sobre el libro?

Me llegó una invitación pero como era nuevo en esto, simplemente pensé que invitaban a todos los participantes. Pensaba que no tenía muchas posibilidades, porque ¿a quién se le ocurre poner una palabra como ‘desapercibido’ en el título de un libro para niños? Era como si lo hubiese llamado la desembocadura del acuífero o algo por el estilo. Pero cuando dijeron que había ocupado el segundo lugar y me hicieron pasar a hablar, no pude salir de mi asombro. Simplemente era imposible. Luego hubo una reunión con los representantes de la editorial y los jurados. Entendí que la decisión había estado reñida, pero para mí la sola posibilidad de ver editado el libro era mucho más de lo que nunca había esperado.

¿Cuándo viste el libro –con las ilustraciones de Sergio Camargo- qué pensaste?

niño escapando policia

Las ilustraciones son maravillosas, pero aunque los niños que salían allí no eran como yo los había imaginado muy rápidamente comprendí que esos dibujos representaban mucho mejor a Octavio que lo que lo había podido imaginar, especialmente la que escogimos para la carátula me parece una obra de arte magistral (ver biografía de Sergio Camargo aquí).

¿Cómo fue la primera vez que fuiste a un colegio a conversar con los niños sobre el libro?

Eso fue inolvidable, me llamaron para decirme que iban a inaugurar la biblioteca en el Agustiniano Norte y que me invitaban a dar una charla sobre el libro. Yo preparé una presentación de diapositivas pensando en una reunión con unos veinte niños dentro de una biblioteca oscura. Pero estaba equivocado, la reunión era en la cancha de basquetbol y estaba toda la primaria, calculo que unos custro cientos niños. Por supuesto fue imposible usar las diapositivas pues había mucha luz, entonces tome el micrófono y pregunté ¿a quién de aquí le gusta leer? y 350 niños alzaron la mano. Entonces dije: “Necesito aquí a un niño al que no le guste leer y en menos de diez segundos tenía una montaña de niños sobre mí”. Creo que nunca antes me había sentido tan emocionado. Cuando los profesores lograron estabilizar la situación leímos un rato charlamos sobre el libro y los niños también se divirtieron mucho. Luego de mi presentación, pasó el padre rector a hablarles de la biblioteca y de la importancia de los libros en la formación del conocimiento. Mientras yo arreglaba mis cosas para salir discretamente, él les estaba diciendo: “A ver ¿quién de ustedes es capaz de adivinar cómo se va a llamar la nueva biblioteca” y los niños en coro gritaron “¡¡¡Óscar Rodríguez!!!” y el padre dijo: “No. La biblioteca se llamará Santo Tomás de Aquino”. Y me sentí apenado con el padre rector por haberle alborotado la audiencia y con Santo Tomás por haberle robado su protagonismo esa mañana, pero se me dibujó una sonrisa que no me pude quitar sino después de varios días.

¿Cuál es la escena o el capítulo sobre el que más te preguntan los niños lectores?

comienzo capitulo 1

Comienzo del capítulo 1 de «El niño que pasaba desapercibido».

No es tanto una escena o un capítulo, lo niños siempre quieren saber cuál era la primera gran idea de Octavio (se puede leer acá). Todo comienza cuando Octavio tiene una gran idea y quiere comentársela a alguien y nadie le pone atención, entonces decide huir de su casa. Luego pasan tantas cosas y tiene tantas nuevas ideas buenas y malas, que cuando se da cuenta todos esperan que diga cuál es su gran idea y él se da cuenta que su gran idea no era tan grande como inicialmente pensaba y nunca la dice. Así que yo tampoco supe cuál era esa idea. Los niños no me creen que yo no sepa cuál es esa primera gran idea de Octavio, pero qué culpa tengo si tampoco a mí me la contó. O tal vez cuando lo hizo estaba pasando desapercibido y no le puse atención.

Alguna profesora te debe haber hecho un comentario particular sobre tu libro. ¿Cuál recuerdas en especial?

En general a las profes les encanta el libro porque dicen que es un texto que se deja trabajar y sobre todo porque logra entusiasmar a los niños. Pero en el fondo yo sé que ellas también a veces pasan desapercibidas y se sienten identificadas. A todos nos pasa.

Hablemos de la recepción del libro. Para comenzar, ¿cuántos –más o menos- encuentros has tenido con los niños desde que salió publicado el libro?

He hecho unas diez o doce visitas a colegios y unas seis o siete presentaciones en ferias de libro y otros eventos. Claro al principio mucho más y ahora más esporádicamente. Pero por ejemplo hay un colegio a donde he ido tres o cuatro veces porque cada año nuevos niños leen el libro y al firmar libros me han tocado libros con tres autógrafos para diferentes niños que se los pasan de un año a otro. Eso es muy emocionante porque significa que si cada libro vendido se lo han leído en promedio dos niños y se han vendido 22 mil significa que alrededor de 40 mil niños ya han leído la historia y si sólo el uno por ciento de ellos le toma amor a la lectura gracias a Octavio son 400 personas que ya nunca se sentirán solas mientras tengan acceso a la literatura. Son 400 vidas que pueden ser más felices. Eso lo deberían pensar todos los autores. Yo creo firmemente que la literatura nos hace la vida más llevadera cuando somos adultos y si esa experiencia comienza desde la niñez no solo estimula las competencias lectoras sino que impulsa la imaginación y la curiosidad pues cada frase que leen los llena de preguntas y muchas de esas tienen que contestárselas ellos mismos.

¿Cuál es la pregunta o el comentario que más te hacen?

La mayoría quieren contarme situaciones en las que sienten que pasan desapercibidos y siempre hay alguno que cuando le firmo el libro al final de la visita me dice que estuvo levantando la mano todo el tiempo y que yo no le di la palabra: “estuve pasando desapercibido todo el tiempo” y es lógico porque siempre son grupos de por lo menos cincuenta niños y todos alzan la mano. Algunos deben pasar desapercibidos, no hay solución.

Octavio, el protagonista de El niño que pasaba desapercibido, para probar que nadie le pone cuidado, roba el dinero de un banco y nadie se da cuenta. Con todo este asunto del discurso sobre valores en la literatura infantil, qué reacción tomas frente al tema.

niño robando banco

Si, la verdad eso fue un lío porque como adulto que escribe la historia yo quería una trama más políticamente correcta, pero tanto mi hija como el niño que tengo adentro insistían en que esa era la parte que más emocionaba del libro. De todas maneras al desenredarse el hilo afloran los valores de Octavio quien se da cuenta que los pequeños errores se pueden multiplicar y volverse grandes muy fácilmente y cada vez son más difíciles de corregir. Al final hace lo correcto pero el costo en angustias, miedos y peligros es bastante alto. Octavio va madurando lentamente a lo largo de las ochenta páginas del libro y demuestra que el valor de los valores no está en aprenderlos sino en entender su significado de una manera vivencial. La verdad es que robarse quinientos millones de un banco es mucho más fácil que devolverlos.

¿A los niños –y sobre todo las niñas- qué personaje del libro les encanta más?

octavio y corina

A los niños les gusta Octavio por las aventuras que vive y a las niñas les gusta Corina, la niña que Octavio conoce y para la cual no pasa desapercibido. A ellas les gusta Corina porque es responsable, racional y madura, pero también está dispuesta a aventurar para salvar a su papá de los líos en que lo metió Octavio. A las profesoras les gustan los papás de Octavio, que se llaman Maria María y Jose José, porque resulta una forma divertida de comenzar a hablar de las tildes.

Tienes un blog para dialogar con tus lectores sobre El niño desapercibido. ¿Cómo es tener un blog centrado en un libro?

En el blog cuelgo fotos de las visitas y los niños encuentran material para algunas de las tareas que les ponen con respecto al libro. Los comentarios son siempre muy alentadores y ha servido para que muchos padres me pregunten dónde comprar el libro y cosas por el estilo.

Los niños luego de leer el libro hacen cosas con él a partir del diálogo que han emprendido con el texto. Póster, dibujos… Imagino que El niño desapercibido debe generar mucha respuesta por parte de los niños que se sientan afines con lo que le pasa a Octavio.

Especialmente las profesoras los impulsan a hacer dibujos y escribir sobre sus propias experiencias. Algunas te tocan el corazón porque se nota que muchos niños sufren a partir de la indiferencia de sus padres y amigos. Muchas veces el silencio al interior del hogar, la falta de al menos una conversación ligera con sus padres sobre temas que para ellos son importantes o las preguntas sin respuesta, hacen que los niños se sientan solos. En ese tipo de ejercicios encuentran una oportunidad para expresar eso que ellos no saben porque los afecta tanto.

Óscar, seguramente muchos niños te lo han preguntado, ¿pero cómo eres tú, cómo te definirías?

Yo me defino como una persona inquieta, que le gusta aprender cosas nuevas cada día, que quiere aprovechar cada segundo de su vida y que se mete con ganas en cada nuevo tema que le entusiasma.

oscar rodriguez te cuento que

Óscar, tú eres economista full time. ¿Tienes pensado escribir otro libro para niños?

Tengo varios adelantados pero estoy en un momento en el que le he dado una pausa a la literatura en mi vida y posiblemente más adelante me anime a escribir de nuevo.

¿En qué países ha circulado el libro? ¿Te ha llegado algún comentario de un niño de otro país diferente a Colombia?

Sé que tiene una edición en México y se envían algunos ejemplares a España y otros países en donde está la editorial, pero nunca me ha llegado un comentario de otro país.

¿Cuál es el balance que haces luego de haber escrito El niño desapercibido?

El balance es que el libro ya tiene vida propia y es independiente de mí. Espero que siga gustando por muchos años, pues siempre habrá niños desapercibidos que se sentirán bien al leer la historia de un niño como ellos.

Una despedida para tus lectores…

Un abrazo muy grande para todos los que han disfrutado el libro y que no sufran cuando sienten que pasan desapercibidos. A veces pasar desapercibido es lo ideal.

NOTA: Los capítulos 1 y 2 de El niño que pasaba desapercibido, leídos por su autor Óscar Rodríguez, se pueden oír aquí:

https://on.soundcloud.com/1NaiA4Po5cke82oq6

https://on.soundcloud.com/LDSzPWf48bFdWvs89

Bogotá en «Sueños intactos» de Julia Mercedes Castilla. 20 preguntas

Por Carlos Sánchez Lozano – 22 de mayo de 2015

Recuerdos de Bogotá en la memoria de la escritora

Julia Mercedes Castilla. Foto cedida por la autora.

Julia Mercedes Castilla. Foto cedida por la autora.

Julia Mercedes, tú eres bogotana. ¿En qué hospital naciste? ¿Cuál fue el barrio de tus primeros años y luego el de tu adolescencia?

Nací en Bogotá en la Clínica de Marly. Cuando niña viví en Chapinero. Pasé la adolescencia en el área del Campín y en la Avenida de Chile.

¿Cuál es tu primer recuerdo de la ciudad, el momento en que dijiste: “Vivo en un lugar particular?

Sabía que vivía en Bogotá porque me lo decía los adultos. Mi primer recuerdo fue de la casa de Chapinero frente al parque.

¿Cómo comparas esa Bogotá con la que recuperas cuando vienes de paso por la ciudad?

Bogotá es una ciudad muy distinta a la que dejé hace varios años, es el doble de grande con una población inmensa. Hay muchos lugares que no reconozco.

A pesar de vivir en los Estados Unidos, Bogotá está de varios modos en tus libros. ¿Cuál es el significado de esta ciudad para ti?

Los primeros años en la vida de una persona son los más importantes, marcando al individuo para siempre. Las personas que veía en mi camino al colegio o a otros lugares quedaron grabadas en mi mente, como los niños de la calle, los pordioseros y otros personajes. Todas estas vivencias se reflejan en mis libros.

¿Qué lugares de Bogotá te marcaron?

Los lugares por los que transité en mi adolescencia fueron La Avenida de Chile y Chapinero. Estos sitios me traen gratos recuerdos.

¿Tenías una librería o un lugar donde comprabas los libros? ¿Lo recuerdas? ¿Había un café donde te gustara leer o encontrarte con amigos a hablar de literatura?

La Librería Nacional. Por lo general la familia me regalaba libros. Mi tío, Alfonso Palacio Rudas, a veces me prestaba uno que otro libro. Por un tiempo pertenecí a un grupo de escritores, los que se reunían cada mes.

Bogotá, desde la llegada del español Jiménez de Quesada, fue una ciudad clasista, racista incluso. ¿Cuál fue tu respuesta cuando lo percibiste?

Sí, en realidad Bogotá fue una ciudad clasista. No me di cuenta de que también era racista hasta que llegué a los Estados Unidos. La clase alta siempre ha discriminado ha los que considera ignorantes y diferentes.

Julia Mercedes habla sobre Sueños intactos

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Hablemos de Sueños intactos. El título de la novela nos parece sintetiza muy bien la trama con la que se encontrará el lector. ¿Cuándo fue el momento en que se te hizo claro que querías escribir este libro?

Me di cuenta que había poca literatura para jóvenes relacionada con la décadas de los 40, 50, y 60. Investigué estos años cuidadosamente. Durante este tiempo las culturas venían de las costumbres impuestas por los españoles desde la colonización. En la actualidad las comunicaciones y la tecnología llevan a igualar la vida de la juventud en muchos países.

El personaje de Paula es bellísimo. La adolescencia en flor, pero también la clara conciencia de que el amor no puede volverse una cárcel… Este mensaje me parece clave en una sociedad marcadamente machista como es –o era- la bogotana.

Creo que Paula representa una sociedad machista en la que ella se desenvuelve de acuerdo con lo que le enseñaron y a su conciencia.

¿Qué lugar ocupa este libro entre el corpus de tu obra? ¿En qué sientes haber avanzado como narradora?

Este libro tiene un lugar muy especial dentro de mi obra. Aunque es diferente a mis otros libros, conlleva el realismo cultural de la época dentro de cierto nivel social. Espero haber avanzado como narradora.

Seis años después de publicada la novela, cómo percibes ha sido la reacción de los lectores, y sobre todo de las lectoras…

A la novela parece haberle ido muy bien. Ha gustado mucho, inclusive es popular en adultos, tal vez les trae recuerdos. Claro que no he tenido la oportunidad de hablar con muchas personas, lo que es difícil viviendo lejos.

Algunos lectores han creído ver rasgos autobiográficos tuyos en la Paula de Sueños intactos. ¿Qué hay de Julia Mercedes en Paula?

Es posible que algunos rasgos míos se hayan adentrado en Paula. Creo que es normal pues todos hemos sido adolescentes.

Paula se enamora en Bogotá

sueños intactos paula

Varios lectores de Sueños intactos queremos hacer un mapa con fotos de los lugares en Bogotá donde estuvo Paula Sanz, protagonista de la novela. Te agradeceremos nos des pistas de los sitios reales que tal vez tenías en mente cuando escribiste la obra.

El barrio en el que vivía.

Para la época sería Chapinero.

El colegio donde hizo su bachillerato

La Presentación.

La casa de la primera fiesta de Paula y en la que conoció a Juan, su primer novio.

En el área de Chapinero.

La Iglesia y el cine donde se veía a escondidas con Juan

El María Luisa – Nuestra Señora de Lourdes.

El club campestre donde iba los domingos con sus padres y hermanos.

Los Lagartos.

La cafetería en que se encuentra alguna vez con Juan.

En el Ley.

El teatro en el que se celebra el cierre del año escolar y donde Paula participa en un baile.

Teatro Colombia

«Sueños intactos», novela para hacer memoria de la Bogotá que fue

Por Carlos Sánchez Lozano – 21 de mayo de 2015

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Sueños intactos es una novela escrita por Julia Mercedes Castilla y publicada en 2009 en Bogotá por Ediciones SM. Por la colección en que se encuentra la obra –Barco de Vapor rojo- y su extensión (216 páginas), considero que los lectores destinatarios principales del libro son jóvenes, y yo creería que fundamentalmente chicas que la leerán de un solo tirón. Es un texto de ficción con base histórica, autobiográfica, pero sobre todo es una encantadora novela de amor juvenil.

La novela narra en primera persona la historia de Paula Sánz, una niña de la alta sociedad bogotana de los años 50 del siglo pasado, desde el momento en que está dejando de ser una niña y se convierte en adolescente. El relato jalona desde el comienzo.

¿Un hombre, un caballo, tal vez un pájaro? Las nubes van y vienen. Forman figuras que se alargan y encogen, separándose en fascinantes imágenes que mi mente convierte en hombres y animales mientras sueño con un mundo que no alcanzo a precisar.

Algo dentro de mí me hace sentir extraña. Algunas veces lloro sin razón, otras me río. Según mamá, la melancolía me acompaña la mayoría del tiempo. Me he vuelto temperamental e irritable. A veces ni yo misma me aguanto.

«Esta niña es la adolescencia en su máximo esplendor», dice mamá cada vez que me ve taciturna.

Mi romanticismo se agudiza cuando estoy en la hacienda. El campo, su follaje y colorido exuberante, los campesinos, los animales y el paisaje, penetran en el interior de mi ser mientras vuelo hacia las nubes que escapan en rápida carrera hacia el horizonte. Esta última frase la leí en alguna parte. Me encanta añadir frases poéticas que he leído en algún libro y convertirlas en mi propia creación. La lectura es una de mis pasiones.

«Paula, el almuerzo está servido». La voz aguda de Lucita, mi hermana menor, llama con desgano.

Yo continúo embelesada, con los ojos fijos en las alturas de las que no quiero descender.

Dividida en 20 capítulos (en promedio de 10 páginas) los títulos de cada uno anuncia la principal escena o episodio que sucederá.

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Podemos dividir la obra en 4 grandes momentos: 1) el paso de niña a preadolescente de Paula que finaliza con la asistencia a su primera fiesta (capítulos 1 al 5), el surgir del primer amor con Juan y la oposición de sus padres (capítulos 8 a 14), la celebración de los 15 años de Paula y el periodo de estabilidad del romance (capítulos 15 a 19) y la decisión de Paula de romper la relación y continuar sus estudios (capítulo 20).

Un capítulo con un flashback es el 10 (“La revolución”) que recuerda el momento dramático en que Paula, su padre y su abuela María, quedan en la mitad del tiroteo y de los incendios que vivió Bogotá el 9 de abril de 1948 luego del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán.

El 9 de abril de 1948,

El 9 de abril de 1948, «El Bogotazo». Foto de Saddy González. Tomada de http://bit.ly/1PzjSpS

“Todo pasa rápido” (el capítulo final) es vibrante y de gran dulzura. Paula ha terminado su bachillerato y ha tomado la firme decisión de ser universitaria y escritora al tiempo que ha resuelto romper con su primer novio. Parecerá normal hoy a las lectores que sea así, pero hay que recordar que en la Bogotá de los años 50 del siglo pasado persistían diversas exclusiones contra la mujer, una de ella la académica: todavía no podían acceder de modo masivo a la universidad y era poco “bien visto” que una joven anunciara públicamente que su identidad en adelante sería la de intelectual y que escribiría historias de ficción, una profesión que socialmente era valorada para “morirse de hambre”. En el diálogo de despedida con su novio le dice:

sueños intactos escena despedida

«Como quisiera que entendieras. No sabes lo duro que es esto para mí. Lo que trato de decir no es que terminemos; solo que nos dejemos de ver por un tiempo. Yo sé que nuestro amor sobrevivirá. Si realmente nos queremos el sentimiento no cambiará en un par de años. Necesito creer que así será».

Dejo de hablar. Se me acaban las. palabras. Tengo la impresión de que el mundo se inmoviliza. El silencio es agobiante. Continuamos caminando.

Nos miramos a los ojos. Veo resentimiento y dolor en los de Juan. Me ahogo en una horrible angustia. ¿Estaré haciendo lo correcto? No ver a Juan por largo tiempo, o tal vez nunca. Va a ser más duro de lo que imaginé.

«Si es eso lo que quieres, así será», dice sin mirarme.

«Es lo que debemos hacer. Hasta pronto, Juan. Te quiero». Con lágrimas en los ojos y el corazón encogido me alejo del muchacho que amo con todo el corazón.

Sueños intactos recupera históricamente también la Bogotá de la época. Para los que somos cincuentones aquella ciudad (clasista, racista, fea, sin vida cultural) nos es familiar. Paula Sánz, la protagonista de la novela, nos ayuda mucho a recorrer esa ciudad con ella: el Parque Nacional, la carrera 7ª entre calles 13 y 6ª, la Avenida Chile, el Colegio San Bartolomé de la Merced, el Chapinero de la Plaza de Lourdes. De cómo fue esa ciudad que ya no es, nos hablará Julia Mercedes en una entrevista que publicaremos en otro post.

Julia Mercedes Castilla. Foto tomada de su página oficial: http://bit.ly/1EmlbwJ

Julia Mercedes Castilla. Foto tomada de su página oficial: http://bit.ly/1EmlbwJ

La autora de Sueños intactos, Julia Mercedes Castilla lleva escribiendo más de 30 años. Los libros que le dieron reconocimiento literario en Colombia y entre la comunidad hispana de los Estados Unidos fueron Aventuras de un niño de la calle (1990) y Emilio (1997), editados en Torre de Papel, la clásica colección de literatura infantil de Editorial Norma, dirigida tan atinadamente en los años 90 del siglo pasado por María Candelaria Posada. Julia Mercedes ha escrito la mayoría de sus libros más logrados en los Estados Unidos, en Houston, Texas, donde vive con su esposo y sus tres hijos, si bien su lente ha estado enfocada a retratar personajes latinoamericanos, la mayoría niños o jóvenes que sufren pobreza, maltratos en la niñez, desplazamiento forzado, pérdida de la tierra y exclusiones de todo tipo. Ha publicado en Colombia también con Panamericana Editorial, (Luisa viaja en tren). En otro post hablaremos más despacio de la biografía de Julia Mercedes gracias a una entrevista que amablemente nos ha dado.

julia mercedes perfil biografico

Nota personal

Tuve el privilegio de ser el editor de Sueños intactos, en los años en que fui editor de literatura infantil en Ediciones SM Colombia. Julia Mercedes es una autora profesional, gran lectora, mesurada y crítica, y con mucha fe en los efectos que causa su escritura en los lectores. Estuvo muy atenta a las sugerencias de ajustes en la obra lo que da idea del valor que adjudica al papel del editor dentro del proceso de elaboración del libro. Pudimos hacer un trabajo sobre el manuscrito que no pasó de un mes. John Joven, bajo la dirección de Rocío Duque, hizo una ilustración de carátula que nos encantó. Un jovencito (Juan), delgado y de unos 20 años, vestido con gabán de la época y corbata, con cara de perplejidad, observa como huye la amada Paula, quien luce un bello vestido verde con un cinturón de tela naranja, mientras se cubre la cabeza con una pañoleta también de color verde. De fondo, una bella casa de corte inglés, como las que se encuentran en el barrio Quinta Camacho o cerca al Parque Nacional, en Bogotá. Una franja azul-gris con lluvia cruza al personaje de Paula, lo que anuncia el dolor que ella siente por el final del noviazgo.

No tengo datos sobre sus ventas, pero la novela ya en 2011 iba por su segunda reimpresión (además circulaba en varios países como México, Argentina, Estados Unidos), lo que es indicio de que en 5 años que lleva en circulación, puede haber alcanzado los 5 mil ejemplares.

Esta novela, con todos los ecos de nostalgia que suscita de la Bogotá de mediados del siglo pasado, me recuerda los bellos versos de Álvaro Mutis en “Amén” (1964):

Álvaro Mutis en Turín, Italia en 1987. Foto tomada de  http://bit.ly/1PzbTJq

Álvaro Mutis en Turín, Italia en 1987. Foto tomada de http://bit.ly/1PzbTJq

Que te acoja la muerte

con todos tus sueños intactos.

Al retorno de una furiosa adolescencia,

al comienzo de las vacaciones que nunca te dieron,

te distinguirá la muerte con su primer aviso.

Te abrirá los ojos a sus grandes aguas,

te iniciará en su constante brisa de otro mundo.

La muerte se confundirá con tus sueños

y en ellos reconocerá los signos

que antaño fuera dejando,

como un cazador que a su regreso

reconoce sus marcas en la brecha.