El «escribidor» NO es un escritor a medias o fallido, ni tampoco un copista en crisis con su profesión como Bouvard o Pécuchet, sino una especie de criatura mixta ovidiana, cuya metamorfosis une metafóricamente lo mejor del agricultor (sembrar algo), de la hormiga (el gozo de la rutina, el trabajo) y del árbol en mitad del ruido (enseñar la belleza). Escribo para evocar, para impulsar a las palabras aisladas a decir algo en oraciones y párrafos. Escribo para invitar a la conversación… Con un café, maravilloso.

buena pagina de blog