El párrafo en la era de WhatsApp

Por Carlos Sánchez Lozano1

En homenaje a la gran filóloga zaragozana Carmen Olivares Rivera

En la historia de la escritura el párrafo surge como una poderosa innovación gráfica y de organización discursiva gracias al editor italiano Aldo Manuzio, inventor del libro de bolsillo en el siglo XVI. El párrafo ha sido objeto de múltiples discusiones lingüísticas, pues se ubica a medio camino entre lo sintáctico y lo semántico. Esas discusiones requieren renovación ya, pues la revolución digital y la presencia de los lenguajes multimedia están alterando -desde nuestra perspectiva- la función del párrafo de organizar la información temático-remática.

Aldo Manuzio (1449-1515), inventor del párrafo. Grabado de Sperandio Maffeis de 1837. Biblioteca Comunale di Trento

“¡Tápese los ojos, profesor!”

“Ahora se escribe a las patadas”, manifiesta un profesor de secundaria a una colega en la sala de maestros mientras valoran un texto juvenil. Leen con notorio disgusto un ensayo que les parece un adefesio contra la lengua española. Enumeran los errores ortográficos, la confusión en la cohesión lineal, la carencia de una tesis clara. “Este texto no va para ninguna parte”, afirma uno de ellos. De las burlas a la censura, el ejercicio de evaluación de los profesores se cierra con un contundente: “Ni siquiera hay párrafos. Todo es un coágulo ininteligible”.

Las escrituras digitales, con todo su nivel de rapidez e improvisación, han aumentado exponencialmente la posibilidad de error al escribir. Es cierto: hay correctores automáticos y se lanzan predictores sintácticos y discursivos, pero evidentemente los muchachos los usan poco e incluso algunos manifiestan que no están enterados de que existen (luego no se han enseñado en clase). Esta especie de “anarquía” escritural, visible sobre todo en redes sociales, anuncia un nuevo momento en la historia de la escritura, que requerirá ser estudiado desde una perspectiva diacrónica y no solo sincrónica.

Breve historia de un fantasma: el párrafo

Con evidente buen humor, en un artículo citado enésimas veces, la gran filóloga zaragozana Carmen Olivares Rivera afirmaba en 1982 sobre el párrafo que era “un prisionero en tierra de nadie”. Se refería a que en la batalla entre corrientes lingüísticas de los años 70 y 80 el párrafo quedó como una especie de hijo huérfano, perdido entre las “estructuras intermedias del desarrollo textual”. La oración como unidad sintáctica o el texto como unidad semántica concentraban la discusión académica. El párrafo no ganaba puntos en los artículos académicos y como unidad lingüística simplemente figuraba como “suma de oraciones con un tema común”.

Si seguimos de cerca las definiciones de párrafo que dan diversos manuales y diccionarios comprobaremos la veracidad de lo que dice la profesora Olivares (cuadro 1).

Cuadro 1. Definiciones de párrafo

En la definición A se hace énfasis en el aspecto sintáctico y espacial en la página; en la definición B en el aspecto semántico y de diseño gráfico; en la definición C en el aspecto pragmático y estilístico.

¿Cómo pudo el “párrafo” madurar en la historia de la escritura de ese modo y sin embargo tener tal grado de anonimato académico? Mi impresión es que se perdió el reconocimiento genético-editorial del párrafo. Parkes, en su monumental libro sobre la historia de la puntuación (1993, p. 44), recuerda el surgimiento del párrafo:

El párrafo nació tal como lo conocemos -como unidad gráfica de bloques segmentados de líneas en la página- a finales del siglo XV y tiene un inventor único: el editor e impresor Aldo Manuzio (1450-1515). Manuzio era un humanista veneciano culto que logró reconocer los distintos avances del libro y valorar las nuevas prácticas de lectura silenciosa, autónoma, que se venían presentando desde el siglo VI d.C y que luego serían celebradas por Maquiavelo en 1513 en una famosa carta a Francisco Vettori (1). Además, como buen comerciante, quería ampliar el mercado del libro y sacarlo del mundo de los eruditos para divulgar la herencia clásica grecolatina entre la burguesía creciente. El historiador italiano Armando Petrucci compara a Manuzio con los grandes artistas renacentistas como Da Vinci, pues logró materializar en el libro de bolsillo una revolución estética visual, visible en “el esfuerzo intelectivo de la precisión del diseño, la nitidez en el trazo, la matemática exactitud” (2011, p. 38).

Por decirlo de un modo sencillo, Manuzio se dio cuenta de lo siguiente:

  • El lector es primero: hay que ayudarle a organizar la información en su mente y no fatigarlo.
  • Para lograrlo, hay que organizar las oraciones de tal modo que faciliten la comprensión, separándolas mediante punto seguido y punto aparte cuando agoten una idea temática.
  • Los comienzos de párrafo son determinantes porque permiten al lector tomar una decisión de contrastar sus saberes previos con los del texto y continuar o saltarse partes del texto y descubrir nuevas ideas.

Si observamos la puesta en página de este libro clásico, inmediatamente confirmamos lo anterior: hay equilibrio entre el texto escrito, la imagen y la organización de los párrafos (imagen 1).

Imagen 1. El invento del párrafo por A. Manuzio en el siglo XVI

El párrafo, ¿un dinosaurio en WhatsApp?

La presencia de internet y de las redes sociales abrió otro horizonte a las formas institucionalizadas de la escritura alfabética. Los cambios con la presencia de nuevos medios se dieron en menos de dos décadas. La cadena comenzó con Facebook (2004) y luego continuaría con YouTube (2005), Twitter (2006), WhatsApp (2009), Instagram (2010), y la adictiva red de adolescentes TikTok (2016).

Las redes sociales transforman, sin duda alguna, todos los ecosistemas de comunicación humana. Son medios globales que combinan la escritura alfabética, el audio, la imagen fija y en movimiento y explotan todas las formas de lenguaje extraverbal, incluidos los sonidos musicales. Aprovechan las formas discursivas existentes y logran romper el delicado equilibro entre vida pública y vida privada: “son dispositivos para extraer y explorar datos, pero también son aceitadas máquinas de comunicar”, dice Scolari (2022, p. 97).

El signo epocal de nuestro tiempo, el comienzo de la tercera década del siglo XXI, consiste en pertenecer a alguna red social: voluntariamente o porque nos toca. El tema de este artículo no son las redes sociales, sino la forma como la escritura alfabética se acomoda a la nueva situación comunicativa. En particular nos interesa ver de qué modo la interfaz -la puesta en página organizada en párrafos- que creó Manuzio a través del libro de bolsillo hace más de cinco siglos se acomoda a un entorno de comunicación electrónica y digital con frenéticos cambios, particularmente la forma como está integrado en WhatsApp.

WhatsApp es reconocido como un chat de mensajería instantánea multimedia con más dos mil millones de usuarios (2). Es propiedad de Meta, el emporio de comunicaciones cuyo CEO es el dueño de Facebook e Instagram, Mark Zuckerberg. Ejerce las funciones de teléfono, video casero, audios, cámara fotográfica; por supuesto tiene teclado de comunicación escrita y apoyos de inteligencia artificial como su corrector ortográfico y el predictor de texto (seguramente vienen más cambios en camino), y un paquete de emoticonos estables y “stickers” que cumplen el papel de lenguaje no verbal. WhatsApp ha tenido diversos protagonismos desde su creación, pues literalmente enterró el teléfono fijo y en alguna medida neutralizó al teléfono de pago con operador, y durante la pandemia (2020-2022) permitió la divulgación en cadena de bulos sobre el covid-19. Es una red social porque pese a que solo permite la comunicación escrita, oral y visual entre contactos cerrados, divulga información privada a través de la función “Estado” y desde luego en la interfaz de chat. Es sin duda una “red centrípeta”, como la llama Scolari, pues su objetivo es “retener a sus usuarios todo el tiempo posible dentro de su jardín vallado” (íbid, p. 75).

El recordado sociólogo de medios Néstor García-Canclini señaló: “El punto de partida es intentar averiguar cómo conviven ahora la cultura letrada, la cultura oral y la cultura audiovisual” (2015, p. 4). Esta integración de medios (multimedia) ya es real en WhatsApp: es contundente y ha cambiado las formas de comunicación humana. Estoicamente tenemos que aceptar este cambio, no sin antes advertir de los costos, uno de los cuales es la pérdida de “aura” (3) de las reglas de orden lógico que nos legó el mundo griego antiguo (Havelock, 1996, p. 53). La tesis que sostiene este artículo es que ese “orden lógico” fue garantizado por el párrafo manuziano como dispositivo institucional de la historia escrita en el Renacimiento y que es gracias al párrafo que se mantiene la progresión temática y la centración discursiva, esto es, la capacidad de comprensión organizada de la mente humana para presentar y procesar información, y la vocación dialogal que otorgó al lenguaje el ruso Mijail Bajtin. Comprobemos la tesis.

Como lo muestra la imagen 2, la interfaz (4) de un momento de conversación entre dos personas en WhatsApp anuncia claramente cambios en la relación oralidad-escritura (íbid. Ong, p. 169).

Imagen 2. Diálogo oral-escrito-lenguaje no verbal en WhatsApp

Interpretemos el chat para indicar los problemas que trae la inexistencia de párrafos (cuadro 2).

¿Extinción del párrafo?

Carmen Olivares Rivera (1929-2020), profesora de Filología inglesa en la Universidad de Zaragoza.
© Foto archivo A. Ratio. El Heraldo de Aragón.

Acerca de si desaparecerá el párrafo como unidad temática y eje de la coherencia global en los textos continuos, podemos decir con énfasis que no. Lo que sí parece necesario advertir es que el sistema escolar tiene el compromiso de no renunciar a esta enseñanza. El párrafo, su organización oracional, su prescriptiva, pero también su función dialógica, exigen ser enseñados inmediatamente después de que haya adquisición del código alfabético y segmentación de palabras en los niños, es decir, en grado segundo de primaria (Negret et al., 1999, p. 71). Esto con el fin de ayudarles a entender los límites de la lengua oral y la necesidad de dar el paso a la lengua escrita.

Con énfasis Ong (íbid., 1982, p. 38) señala que la lengua oral no puede garantizar la progresión temática por razones psicoespaciales; en efecto “las palabras son acontecimientos, hechos”, estructuras lingüísticas visibles; nosotros agregamos que esto supondría de parte de los interlocutores el desarrollo de una memoria portentosa como la de Funes, el personaje de Borges. La oralidad primaria tampoco tiene poderes restaurativos en la relación tema-rema[1]: basta para comprobarlo oír una conversación de dos niños en un patio de recreo. Las ramificaciones temáticas hacen prácticamente imposible seguirlos respecto de qué asunto hablan.

La experiencia de la escritura organizada discursivamente en la escuela puede ayudar a los niños (futuros adolescentes usuarios de las redes sociales) a mantener el espíritu dialogal del lenguaje: se escribe para alguien en particular, que está “situado” sociolingüísticamente, que tiene una experiencia letrada determinada y con el que se espera construir significado alrededor de la experiencia. ¡Verbigracia, esta carta con un párrafo-coágulo escrita por una niña de 8 años, hija de padres divorciados! (imagen 3).

Imagen 3. Carta sin separación de párrafos

La multimedia -contra lo que creen los “apocalípticos”- puede ser un magnífico recurso para quienes somos maestros de Español en el intento de frenar los ímpetus de monologismo, pérdida de referentes e irrealidad que subyacen a las redes sociales, en especial de la hiperusada WhatsApp.

“El lenguaje, polvoriento, ha tenido que ser retirado de su caja de cristal y puesto nuevamente en un entorno vivo”, dice Halliday (1978, p. 248). Así pues, el párrafo sale como Don Quijote a enfrentar nuevas batallas en la era de las redes sociales y la hiperconectividad multimedia.

Notas

1. “Llegada la noche, me vuelvo a casa y entro en mi estudio; en el umbral me quito la ropa de cada día, llena de barro y de lodo, y me pongo paños reales y curiales. Vestido decentemente entro en las antiguas cortes de los antiguos hombres, donde -recibido por ellos [los libros] amistosamente- me nutro con aquel alimento que solum es mío y para el cual nací…”. Traducción de Miguel Ángel Granada. Maquiavelo: Antología. Barcelona, Península, 1987.

2. El País. https://bit.ly/3njwXfy

3. El concepto de “aura” fue creado por el filósofo alemán Walter Benjamin para referirse al valor inédito que instaura una obra arte en la historia de la cultura: “una trama particular de espacio y tiempo: la aparición irrepetible de una lejanía por cercana que esta pueda hallarse”. Consúltese: https://bit.ly/42vAiY3

4. La interfaz es el espacio visual en una pantalla en que confluye la intención del diseñador de la web o de la app con la experiencia del internauta que busca o construye algún tipo de conocimiento. Cfs. Maeda, J. (2010). Las leyes de la simplicidad. Barcelona: Gedisa.

5. Por tema se entiende la información que emisor-receptor comparten; por rema, la información nueva que ofrece el emisor y que desconoce el receptor con el fin de atraparlo y que siga leyendo el texto. Cfs. Gramática de la lengua española (2009), tomo 2, p. 2965.

Referencias

Cassany, D. (1997). La cocina de la escritura. Barcelona: Anagrama.

García Canclini, N. (2015). Hacia una antropología de los lectores. México: Paidós-Fundación Telefónica-Universidad Autónoma Metropolitana.

Halliday, M.A.K. (1978, 1982). El lenguaje como semiótica social. México: FCE.

Havelock, E. (1986, 1996). La musa aprende a escribir. Barcelona: Paidós.

Hoyos Restrepo, A. (2018). Manual escolar de escritura. Bogotá: Libros Malpensante-Panamericana.

Negret, J.C. et al. (1999). El párrafo en proceso. Una indagación sobre el desarrollo del uso del párrafo en los textos escritos de los niños. Bogotá: Universidad Javeriana (tesis de grado).

Olivares Rivera, C. (1982). El párrafo: estructura y función. En: Cuadernos de investigación filológica, 8 (17-38). Descargado en línea: https://bit.ly/3AtBnmR

Ong W. (1982, 2009). Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra. México: FCE.

Parkes, M. B. (1993). Pause and effect: an introduction to the history of punctuation in the West. Los Ángeles: University of California Press.

Petrucci, A. (2011). Libros, escrituras y bibliotecas. Salamanca: Universidad de Salamanca.

Scolari, C. (2022). La guerra de las plataformas. Del papiro al metaverso. Barcelona: Anagrama.

VV. AA (2015). Questione di carattere. Aldo Manuzio, Bassiano 1450-Venezia 1515. Roma: Corrado Bonora.

  1. Este artículo originalmente apareció en la revista Textos, No. 104 de 2024 ↩︎

 

2 comentarios en “El párrafo en la era de WhatsApp

  1. Avatar de figarocaselfigarocasel

    Interesante ese Don Quijote que debe salir a enfrentar nuevas batallas. El eco de Marshall McLuhan desde luego se hace escuchar aún, -El medio es el mensaje-Los nuevos dispositivos nos llevan a adecuar la manera en que vivimos. Las plataformas nos persiguen diría Nick Couldry. Cuanto antes la cruzada quijotesca de los profesores para enseñar a construir el párrafo, el diseño gráfico ayudaría, a pegar bien esos ladrillitos, esas teselas en la comunicación. Mercaderes de la comunicación, Manuzio en el aula. Vender bien la idea.

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    1. Avatar de Carlos Sánchez LozanoCarlos Sánchez Lozano Autor

      Sí, sí, Carlos, excelente idea la que propones. Voy a presentar a Manuzio como si hubiese inventado el carro o la telefonía. En general veo que el diseño gráfico, tan importante a la hora de comprender quiénes somos y cómo actuamos simbólicamente, es solo tema de diseñadores gráficos y no de todas las profesiones. Ahora ni «vemos», ni «leemos»; hacemos scroll. Así que recojo tu excelente propuesta. Un abrazo!!

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