Archivo por meses: mayo 2018

La mejor historia que puede contar un bibliotecario escolar es la que se teje alrededor de los libros que presta a los estudiantes”. Natalia Díaz, mediadora de lectura.

Esta es la primera de tres entrevistas a mediadores de lectura y escritura. Los mediadores son fundamentales en la transformación en los hábitos de lectura que está viviendo Colombia y que ha confirmado la Encuesta Nacional de Lectura 2018, realizada por el Dane. Dar visibilidad a esos mediadores me parece más que justo, pues en la prehistoria de cada lector hay un mediador. De un lado a otro del país, en bibliotecas públicas y escolares, en iglesias, en malocas, en parques, en hospitales, en plena selva los mediadores se la juegan toda por ayudar en la reconstrucción de un país acostumbrado a la exclusión en la cultura escrita. Nuestra invitada de hoy es la profesora Natalia Díaz, de Bogotá, quien primero fue bibliotecaria escolar y ahora es maestra de bachillerato. Natalia pertenece a la nueva generación de mediadores formada en una facultad de Literatura y con una mirada más panorámica del problema de la lectura en la escuela. (Carlos Sánchez Lozano).


Natalia nació en Bogotá. De niña fue odontóloga, dueña de restaurante, ama de casa, bailarina, etc. En la adolescencia tenía una costumbre particular: leer hasta altas horas de la noche. Estudió en la Universidad Javeriana. Fue bibliotecaria escolar en cuatro colegios públicos de Bogotá. Hoy es maestra en el Colegio Ramón de Zubiría.

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Foto de Juan David Correa

Natalia, danos una imagen verbal del momento en que te enamoraste de los libros.

Yo tenía el único mueble biblioteca de la casa y allí fueron a parar los libros de mi papá y los que me regalaban a mí. Yo era la guardiana y protectora de estos libros y en esta relación fue que me enamoré de ellos.

¿Pinocho o Hansel y Gretel? ¿Caperucita roja o Cenicienta? ¿Qué historia de niñez te atrapó para siempre?

¡Todas! Tuve una colección de libritos con algunos de estos cuentos, una historieta de Aladín y otra de El sastrecillo valiente. Recuerdo que leí incluso todos los cuentos de mis libros de texto del colegio, aunque no los hubiéramos visto en clase. Aún hoy en día y a lo largo de los años sigo encontrando nuevas versiones o haciendo nuevas lecturas de los cuentos clásicos y creo que siempre me van a atrapar.

¿Tuviste buenos maestros en el colegio que te entusiasmaran por la lectura literaria?

Mis maestros de primaria me enseñaron a leer y escribir muy bien, era un colegio pequeño y tuve esta gran ventaja. Pero curiosamente fue uno de mis maestros de primaria el que frustró muy pronto mi carrera como escritora. A los nueve años me sentí inspirada para comenzar a redactar muchos cuentos en mi cuaderno de español con su respectiva ilustración, pero mi profesor se quejó de que yo estaba distrayéndome de las clases con este tema de escribir los cuentos y hasta ahí llegó mi entusiasmo, creo que también llegó a decir que los cuentos no eran muy buenos como para dejar de lado las clases. Fue un duro golpe del que aún no me recupero, la escritura quedó relegada a las redacciones académicas o laborales y a actualizar de vez en cuando mi diario íntimo o los estados de Facebook.

Ya en bachillerato, tuvimos que leer en octavo El amor en los tiempos del cólera, creo que fui una de las pocas estudiantes que de verdad lo leyó completo y fue una experiencia inolvidable, la mejor lectura obligatoria del colegio. Pero ¿cómo tuve yo la facilidad para leerme un libro completo de García Márquez a los 13 años? Mi gran maestro, el adulto que de verdad me inspiró por la lectura fue mi padre. Y lo único que él hacía era leer. Leía de todo, desde el periódico y las Lecturas dominicales de El Tiempo, las revistas de Selecciones, crónicas de Germán Castro Caycedo y cuanta novela negra le interesaba. Yo lo imitaba y ahí quedé irremediablemente atrapada.

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Mis primeras lecturas de la adolescencia fueron los libros que él terminaba de leer y me prestaba, muchas veces novelas sobre espías rusos o norteamericanos que tenían misiones muy complicadas. Estos libros me enseñaron mucho de redacción, ortografía y la capacidad de sumergirme en una historia por más larga que pareciera. Pero sobre todo, el placer de leer.

Estudiaste literatura. ¿Cómo llegaste a esa decisión? ¿Fue muy aburrido estudiar Literatura con L mayúscula?

Exceptuando algunas pocas clases en las que me costaba mantenerme despierta, estudiar Literatura fue todo un placer y un privilegio. Antes de terminar el colegio tenía claro que quería estudiar algo relacionado con las humanidades. Me presenté a Historia, pero no se dio y después de salir del colegio me decidí por Literatura porque el pénsum era lo más cercano al tipo de clases que quería ver. Me gusta pensar que soy una persona práctica y en ese sentido Literatura era la carrera más cercana para lograr que me pagaran por hacer lo que más me gusta, que es leer, y así sucedió.

¿Cómo llegaste a ser bibliotecaria escolar? ¿Cuántos años duraste?

Gracias a Jenifer Nieto, mi amiga y compañera de la carrera, quien meses después de graduarnos de la universidad me contó que estaban haciendo pruebas para este trabajo. Nos presentamos, pasamos las pruebas, nos contrataron y duré siete años trabajando como bibliotecaria escolar. A Jenifer mi eterno agradecimiento por esto. Mi intención era trabajar en el mundo editorial y la corrección de estilo, pero estar en un lugar con miles de libros y que me pagaran por leer y animar a leer a otros fue mi verdadero destino y yo me sentí más que feliz con esto. Ya no me puedo imaginar en un trabajo ciento por ciento de oficina, trabajar en educación y con personas está bastante alejado de la rutina de una.

Cuéntanos una historia que resuma ser bibliotecaria escolar.

La mejor historia que puede contar un bibliotecario es la que se teje alrededor de los libros que presta a los estudiantes. Que en siete años yo haya prestado miles de libros, la mayoría de ellos escogidos por los niños o sugeridos por mí y no lecturas obligatorias, es la satisfacción más grande y la mejor prueba de que mi trabajo funcionó de alguna forma. Los talleres, la atención en descansos, el trabajo con docentes, los proyectos y todas las actividades que debe realizar un bibliotecario escolar deberían tener este final: te visitan los niños con su documento de identificación -y los más pequeños- con su acudiente a llevar libros a casa y crean esa intimidad entre texto y lector. Es la oportunidad de oro para formar mejores lectores, estudiantes y personas en el futuro.  Yo extraño mucho a mis lectores más juiciosos de las bibliotecas escolares en las que trabajé, pero estoy segura de que la oportunidad y el hábito de ser usuarios de bibliotecas es lo más valioso que les pude dejar y que ahí queda una conexión permanente, así ya no los vuelva a ver.

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Eres un caso especial porque pasaste de ser bibliotecaria escolar a maestra. ¿Cómo fue ese cambio? ¿Por qué decidiste hacerlo?

Esa historia incluye una historia de amor porque fue un exnovio el que me convenció de presentarnos juntos al concurso docente y de alguna forma a él le debo mi actual trabajo. En mi caso el cambio se dio de una forma muy natural, duré más de tres años en todo el proceso del concurso y cuando llegó la audiencia para escoger colegio, el año pasado, yo ya estaba plenamente mentalizada y agradecida con el cambio de empleo, sobre todo porque las condiciones laborales son mejores ahora. Ser bibliotecario escolar es un trabajo maravilloso, pero yo pertenecía a ese grupo de contratistas que van al capricho de cada administración y sin ninguna certeza de continuidad o recibir prestaciones de ley. Además, no estoy muy alejada de mi anterior trabajo: todavía trabajo con niños de colegio público, hacemos algunas clases en la biblioteca y cuando se puede hago promoción de lectura con ellos.

Trabajas con adolescentes en estos momentos. ¿Te han sacado canas porque no les gusta leer?

Me sacan canas por muchos motivos, pero no porque no les guste leer, al final todos terminan leyendo, aunque sea la misión de un videojuego o el chat y las redes sociales. Estar rodeado de pantallas interconectadas nos vuelve a todos lectores, y de alguna forma ellos se dan cuenta de que necesitan esa habilidad en el mundo actual. Lo difícil tal vez es convencerlos de que lean buena literatura, pero por un estudiante de cada curso que termine haciéndolo, ya se justifican todas las canas.

Natalia, ¿cómo te percibes ahora como maestra? ¿Cuál es tu responsabilidad en este momento a diferencia de cuando eras bibliotecaria?

Me veo como subiendo una escalera, con unos escalones más altos que otros y un esfuerzo diferente al que hacía en mi trabajo como bibliotecaria. Antes como bibliotecaria yo estaba en un lugar fijo, mi biblioteca, y tenía que dinamizar este lugar y hacer que toda la comunidad educativa de alguna forma se relacionara con ella. Ahora doy clase a trece cursos y a cada uno lo puedo ver una o dos horas a la semana. No todos tienen el deseo de escucharme o aprender algo de mis materias, que son Comunicación e Investigación. De alguna forma ha sido un reto más difícil y además la mayoría de mis estudiantes son adolescentes de población vulnerable, lo que hace que valore mucho más todo lo que estoy aprendiendo como persona, sobre todo y en este momento, a tener más autoridad y dominio de grupos. Afortunadamente lo que se ha conservado intacto es la oportunidad de usar todos los días mi creatividad para preparar las diferentes actividades, la libertad de cátedra es lo mejor de trabajar en instituciones públicas.

¿Qué idea tienes de ti dentro de cinco años?

La de todos los millenials: tener acumulados más viajes, lecturas, experiencias y mantener una conciencia tranquila, el resto se lo dejo a la vida.

Respuestas cortas para preguntas cortas

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El personaje masculino (o femenino) de novelas que te mata.

Sherlock Holmes.

Una mujer escritora que admiras.

Helena Iriarte, gran maestra y escritora.

El lugar literario que quisieras visitar.

Uno que aún no haya leído. Leer también es habitar.

Lo que le preguntarías a tu escritor preferido

¿Tener un solo autor preferido? ¡Imposible!

Un texto literario al que vuelves una y otra vez

La alegría de querer, de Jairo Aníbal Niño.

Un poema de amor inolvidable

Al menos, si entro en las sombras antes que tú,

te has de acordar de mí después

sin que mi recuerdo te arda o te hiera o te mueva,

porque nunca enlazamos las manos, ni nos besamos,

ni fuimos más que niños.

Fernando Pessoa

La frase de un cuento o ensayo que subrayaste.

“Los estudios siguen sin arrojar resultados concluyentes sobre la posible relación causa-efecto entre la violencia y el consumo de violencia en el ocio”, de Simon Parkin en el libro Muerte por videojuego. Fue uno de los últimos fragmentos que subrayé.

La biblioteca que hace parte de tus sueños.

La biblioteca de Babel.

La librería donde te gastas la mitad de tu salario.

No discrimino, cualquiera donde encuentre lo que estoy buscando en el momento.

El amigo o amiga con el que te gusta conversar de libros.

Después de tantos años dedicados a la literatura y a la promoción de lectura, puedo decir que con casi todos mis amigos me gusta hablar de libros. Pero un reconocimiento especial para mi amiga desde la época de colegio, Diana Rodríguez, quien sin estar relacionada profesionalmente con la literatura, ha leído muchos más autores contemporáneos que yo.

Escuche a Natalia Díaz leyendo un fragmento de Tamerlán, de Enrique Serrano.