Rebeca Marsa, nueva novelista colombiana

Noviembre 8 de 2017

Por Carlos Sánchez Lozano

En su primera novela, Como perro sin dueño (2017), Rebeca Marsa logra un sólido equilibrio entre la historia de un artista fallido y el trasfondo histórico de un país invivible que pasa del detritus del Frente Nacional al narcotráfico y termina en los «falsos positivos». Las primeras novelas no suelen ser buenas, pero esta sí lo es: cuidada en su concepción, escrita con dominio del tema, es la continuación de una tradición de novelas realistas sobre Bogotá, que han enriquecido, entre otros, Soledad Acosta de Samper, José A. Osorio Lizarazo, Antonio Caballero, Luis Fayad, Carlos Perozzo, Rafael Humberto Moreno-Durán y Julio Paredes.

Antes

¿Fue en la maestría en escritura creativa de la Universidad Nacional donde se gestó Como perro sin dueño?

Si, en efecto. La novela nace de una primera imagen que me rondaba de tiempo atrás y que plasmé en una hoja como respuesta a un ejercicio académico. Esos párrafos iniciales quedaron en la versión final prácticamente sin cambio y detonaron todo su desarrollo.

Rebeca Marsa 1 (UNAL)

¿Cómo fueron los pasos para armar la novela? ¿Diseñaste una escaleta formal o a medida que escribías se armaba la historia?

Hice muchísimas escaletas,  pero ninguna se cumplió. Es más, creo que  fueron de poca utilidad porque seguirlas significaba una imposición, una racionalización previa que me impedía escribir.  El proceso de la escritura, en mi caso, no soporta una estructura rígida.  Para la novela y para el cuento, género que también trabajo, necesito tener el primer y el último párrafo, cuando están esos dos, ya se para dónde voy y entonces comienzo a transitar.  Escribir es un ejercicio que combina muchos procesos, el primero  permitir que aflore el inconsciente y dejar que la historia se vaya armando. Muchas veces me siento ante el computador y desde una línea que me resulta sugerente  emerge una historia que con frecuencia toma rutas inesperadas incluso para mí misma. No ponerle talanquera a la imaginación y a ese fluir del pensamiento inconsciente es importante. Este proceso riñe con la intención de seguir una escaleta, porque la idea es discurrir con total libertad sin juicios de ningún orden. No obstante,  si no se desea escribir mil hojas sin llegar a ninguna parte, en un segundo momento  (cuando ya se tiene una buena cantidad de páginas) se requiere de un ejercicio reflexivo y analítico para examinar el texto descubrir qué debe permanecer, qué se debe eliminar, qué vacíos hay por llenar y evaluar si todo lo escrito conduce a algún destino. En este  punto sirve hacer una línea de tiempo, un esquema, un mapa,  en suma disponer de algún recurso para darle estructura al proyecto.

¿Cómo evolucionaron los borradores? Cuánto tiempo tardaste escribiéndola.

Creo que hice más de 10 borradores y entre unos y otros más que cambios bruscos, la historia se fue enriqueciendo con detalles, situaciones, diálogos. Esto de crear mundos reclama una suerte de  pensar obsesivo que comienza a conectarlo todo con la novela,  así incluso las experiencias cotidianas más rutinarias terminan por nutrirla.  El primer borrador lo entregué al finalizar la maestría (es decir dos años de trabajo), lo dejé reposar un buen tiempo y  la versión final la entregué a mi editora dos años después. Aún así durante el proceso de corrección de estilo, que fue muy respetuoso y concertado, tuve que reescribir algunos párrafos. ¿Por qué tanto tiempo? Porque la escritura exige concentración y estar cumpliendo diferentes roles y tener que ocuparse de otros temas, distrae y entorpece el camino haciéndolo largo muy largo. Realmente pude terminar la novela cuando tomé la decisión de dedicarme a escribir de tiempo completo.

¿Ayuda a escribir una novela tener un lector fijo como es el tutor de la maestría?

Ayuda mucho tener un lector agudo, que  conozca el oficio, respete al autor y le permita aprender a leerse a sí mismo de manera crítica, sin complacencias y sin látigo.  Contar con un interlocutor es fundamental.

Revive el momento por favor en que terminaste de escribir Como perro sin dueño.

Sentí dolor de estómago (yo todo lo siento en el estómago, es mi centro emocional),  una gran alegría y un profundo temor al  mismo tiempo. Pero te quiero contar que  terminar la novela fue más  una decisión que un hecho. Después de escribir y reescribir y volver a hacerlo y seguirlo haciendo. En un momento dado decidí: la voy a dejar así, esté como esté, ya no más. Porque cada vez que abría el archivo encontraba algo por cambiar y a ese paso ni en dos siglos habría terminado.  Por supuesto todavía hoy me sucede que encuentro frases, giros, expresiones que pienso podrían estar mejor.

Durante

¿Cómo llegas a la síntesis de Manuel, este músico al que su esposa Miriam en algún momento llama «fracasado, alcohólico y sordo»?

Manuel está presente en esa primera imagen que detonó la historia, la novela nace con la voz de Manuel, pero construirlo fue muy difícil.  Los otros personajes estaban muy claros, incluso físicamente, pero Manuel todavía hoy no sé cómo es, cómo se ve ante un espejo. Tal vez porque Manuel es él y otros muchos. Es la alegoría de una generación, es de alguna manera el fracaso de la esperanza. Quería hacerlo muy nuestro, muy nosotros, con una cierta lucidez pero sin clarividencia, con una enorme potencial pero extraordinariamente limitado, brillante e ingenuo al mismo tiempo. Quería que fuera  un hombre sensible  y  crítico pero no un intelectual.  Su malestar es intuitivo y se le dificulta racionalizar, elaborar,  adaptarse, y por todo ello se siente atrapado. El estado de crisis de Manuel puede ser leído de diferentes formas y una de ellas es la de Miriam,  que viene siendo la voz del statu quo. Un personaje para mi muy difícil, lleno de contradicciones y de dudas.

La novela estructura muy bien el tiempo narrativo. ¿Cómo fue el proceso para llegar a esos tres grandes momentos: i) Manuel encerrado en un apartamento contemplando un crimen ii) Manuel recordado su historia personal y su fracaso al lado de su esposa Miriam y su amante Susana iii) Manuel encerrado en su apartamento aceptando su decadencia?

En la novela transcurren muchos años y al mismo tiempo apenas un par de días, termina en donde empieza.  Si bien, como lo mencionas, el libro tiene esos tres grandes momentos, la estructura de la novela plantea más un juego con el tiempo, un ir y venir que propone una temporalidad más reticular.  Así se fue dando y así quedó. Finalmente el discurrir de la  memoria obedece a  la intensidad del recuerdo y se articula de manera  asociativa.

Hay varios personajes femeninos en la novela que revelan mucho sobre la situación y los cambios de las mujeres en Colombia a partir de la década del 70. Quiero simplemente resaltar –no sé si lo compartas- que como ser humano la amante (Susana) supera a la esposa (Miriam). Si bien juntas han estado cercanas a grupos políticos de izquierda, en el transcurso de dos décadas Miriam asume el rol de abogada de intereses empresariales privados y Susana se pierde en lo que podría ser una oscura operación guerrillera. La una es la realista cínica; la otra una prolongación de la Maga cortazariana.

Creo que cada una representa formas opuestas de relacionarse con el mundo. Susana es mucho más etérea (tienes razón cuando la relacionas con la Maga), más alternativa, más alada.  Cada una lucha a su manera por granjearse un lugar. Miriam responde a expectativas convencionales y atiende a lo que los otros esperan de ella. Creo que entre ellas dos está el dilema que hoy por hoy interroga a muchas mujeres entre ser «buenas muchachas» o darse a la tarea de construir nuevas identidades. Ambas posibilidades implican un costo.

Hay escenas de la novela de gran fuerza verbal en que se conjuga un hecho dramático con frases de gran poder lírico. Me gusta mucho el capítulo»Réquiem», probablemente el único de tono esperanzador en que descubrimos al brillante músico que era Manuel.

Albergo una gran preocupación por el lenguaje. Tengo la sensación de que muchos escritores  actuales están más interesados en la historia que en el lenguaje;  para mí buscar la palabra exacta, ilustrar con imágenes verbales que transparenten una sensación, es una búsqueda permanente. Explorar las posibilidades de tocar la sensibilidad del lector mediante conexiones sensoriales construidas desde la palabra es parte de mi pasión por la literatura.  Por tanto, agradezco que lo menciones, porque en realidad una de mis mayores preocupaciones al escribir fue encontrar equilibrio entre  los hechos y la expresión de emociones y sentimientos.

(Oiga aquí el capítulo «Réquiem») 3: 41 minutos

La Bogotá de niebla mañanera, contaminada y sucia en el día, de luces callejeras opacas en la noche acompaña a una generación de novelistas que han descrito cómo esta ciudad pasó de ser una villa clasista y paramuna a una ciudad caótica y compleja de nueve millones de habitantes. En Como perro sin dueño a esta Bogotá se suma la que dejó el turbayismo y el Estatuto de seguridad: persecución policial, intimidación y atropello de los servicios secretos delEstado a cualquiera que pensara diferente a las élites del país. La recreación literaria de estos nefastos sucesosla convierten en una novela política.

La novela  refiere  un contexto  social y político que  sirve de telón de fondo para el accionar de los personajes,  tanto así que sus vidas están ligadas a esos acontecimientos, como le sucede, en últimas, a todos los ciudadanos: así sea de manera tangencial todos estamos siendo permeados y afectados por el acontecer político, aunque  se tenga la pretensión de permanecer al margen. La crisis de Manuel es  una crisis  política en un sentido amplio. Deriva de su confrontación existencial con  un sistema al que se resiste. Cae en el abismo cuando dimensiona que la obediencia acrítica, la disciplina ciega, incluso dentro de una expresión criminal como los llamados falsos positivos,  hacen parte de la moral imperante. Si bien la novela no tiene una intencionalidad política, si tiene un necesario trasfondo político.

Después

Leído completo el libro en su forma impresa, ¿cuál fue tu primer pensamiento?

Ese primer momento estuvo lleno de imprevistos,  porque tenía programado el lanzamiento en la Feria del Libro de Bogotá y el libro, que fue editado en México, no llegaba y no llegaba. De hecho, recibí un envío muy pequeño apenas una hora antes del lanzamiento. Así que lo vine a ver, tocar y oler a pocos minutos de sentarme ante el público de ese día.  Por tanto a más de la emoción de tenerlo en  las manos se sumó el estar en Corferias ante un auditorio bastante nutrido. El libro tiene un trabajo editorial muy cuidado, me encanta la carátula y sigo pensando, como ese día, que es un logro importante y un sueño cumplido.

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Rebeca Marsa, segunda de derecha a izquierda, en el lanzamiento de su novela «Como perro sin dueño», en un evento realizado por la Maestría en Escritura Creativa de la Universidad Nacional. Feria Internacional del Libro de Bogotá, abril de 2017.

Como perro sin dueño tiene por protagonista a un músico con formación universitaria que empantana su vida y acaba autodestruyéndose. ¿Ese es tu balance del grupo de jóvenes que Isaías Peña llamó «generación del Estado de sitio»?

Colombia ha vivido la mayor parte de su historia bajo los rigores de la violencia. Entre 1949 y 1991 el país vivió más de 30 años bajo estado de sitio. Con lo que ello ha implicado de restricción a los derechos ciudadanos, a las libertades públicas y a la participación política; de la cultura de la excepción se saltó a la cultura de la guerra sucia. ¿Qué no queda de este marco jurídico de excepción y sus posteriores andamiajes ilegales? Un creciente ahogamiento de la protesta social, una cabalgante despolitización y la demonización del pensamiento crítico. Que en el plano privado ha sido un duro  aprendizaje del miedo a punta de represión y de muertos. El balance sobre el que me preguntas, me da como saldo una generación amedrentada, con una sensibilidad social, cada vez más difusa, que se convirtió en desesperanza. Una generación que finalmente optó como única salida por hacerse cargo en exclusiva de sus destinos individuales así fuera para arruinarlos.

Has terminado la primera novela. ¿Alguna lección al respecto para enfocarte hacia la segunda?

Ya estoy trabajando en mi segunda novela, está bastante avanzada y mi meta es tener el primer borrador al final de año. ¿Lecciones? Muchas tal vez la más importante es que un oficio se aprende a medida que se practica. Luego tengo que escribir y escribir sin descanso, tratarme con cariño (porque a veces soy muy dura conmigo misma) , y aceptar que la perfección es un ideal que difícilmente se alcanza.

¿Te sientes cómoda de ser incluida en los listados de novelistas mujeres que han publicado narrativa recientemente (Pilar Quintana, Margarita García Robayo, Melba Escobar, Patricia Engel)? ¿Encuentras alguna afinidad con el trabajo de ellas?

Me siento cómoda, por supuesto.  Tengo un par de años de retraso respecto a estas autoras que ya han avanzado un camino significativo, mientras yo tan solo empiezo y, ya eso marca algunas distancias. Celebro y  considero muy importante que las mujeres estén ocupando un lugar cada vez más relevante en la literatura, con nombre propio y con voces propias.  La narrativa que registra los aconteceres del mundo nunca estará completa sin la voz, la mirada y el sentir de las mujeres.  Ahora bien, no me siento cómoda cuando se crean compartimentos  y me sugieren ubicarme en uno de ellos,  creo que  las mujeres y los hombres deben estar en  los listados de escritores (hombres y mujeres) por la calidad de su trabajo, la hondura de sus propuestas, la solvencia de su escritura, sin más. Para mí la literatura no tiene género.

Por supuesto, somos seres en contexto, con unas experiencias vitales específicas y diferenciadas, pero eso es válido para todas y cada una de las características humanas y cada autor escribe desde esas diferencias. Compartimos universos culturales y al mismo tiempo somos extraordinariamente diversos, fruto de una gran combinatoria de variables sociales, económicas, demográficas, etc. en dónde el género es solo una de ellas.  Aunque es  muy importante, primero no es concepto monolítico y segundo no se puede considerar como «el» factor determinante en la constitución de la individualidad.

Como perro sin dueño fue publicada por una editorial independiente de México. ¿Es imposible para una novelista encontrar editor en Colombia?

No imposible pero sí bastante difícil,  en general publicar resulta una tarea sumamente compleja.  Las grandes editoriales no se arriesgan  con autores nuevos que no tengan alguna trayectoria en editoriales independientes, que no ostenten varios premios o incluso que no cuenten con enormes cantidades de seguidores en redes sociales (como es el caso de los youtubers).  Luego , si para las grandes editoriales se es invisible por todos los no anteriores, solo quedan las editoriales chicas, y éstas tienen sus propios circuitos, todos informales, todos basados en la existencia de vínculos personales de algún tipo. Nadie le apuesta a un desconocido, así su obra sea fantástica sencillamente porque no la leen. El primer reto por vencer es justamente ese, que lean el libro.

El mercado colombiano es pequeño y no da lo suficiente para alimentar un número importante de revistas que ventilen a los autores nuevos, tampoco existen críticos suficientes que le abran la puerta a escritores sin trayectoria, ni agentes literarios que gestionen y movilicen los libros, ni editoriales con músculo financiero para disponer de lectores que filtren los manuscritos, luego tienen que limitarse a los amigos o referidos por los amigos. En suma, las condiciones son adversas por no decir hostiles para un primer libro.

Después de hacer los intentos de rigor y obtener un  inmenso silencio por respuesta o notas estándar que no hacían mención ni al título del libro, me di a la tarea de seleccionar algunas editoriales fuera del país y enviarles dos capítulos, pensando que podría interesarles mi novela y ocurrió el milagro.

¿Qué necesitas para escribir además de un «cuarto propio y 500 libras esterlinas al año»?

dalia leyendo su novela

Comparto la tesis de Virginia Wolf y en mi caso particular le agregaría convicción en lo que se está haciendo, en la capacidad de hacerlo, en que se tiene algo que contar y en que cada mirada es valiosa en sí misma. Después de esta primera novela he ganado en confianza, he dimensionado el trabajo y la cantidad de esfuerzo y tiempo que demanda. Estoy lista para la segunda.

 

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